
En alguna clase del cbc un profesor chiflado (que no era gordo), dijo que el hombre era "zoon politicon" no porque es muy ducho en el arte de la política sino porque siempre tiende a estar en sociedad, en compañía de otros.
No soy la excepción.
Siempre buscamos la compañía de alguien con quien compartir las cosas, alguien que complete todo aquello que nos falta, que nos llene el espíritu, que nos haga sentir orgullosos de ser nosotros mismos y de estar con esa persona. Ese ente toma diferentes formas: padres, hermanos, amigos parejas y demás. Buscamos la compañía perfecta para ese momento, ya sea para pedir ayuda con algún tema, divertirse un rato, odiar la vida todos juntos...
Es inmenso el miedo a estar sólo y a enfrentar ciertas situaciones, a su vez esas alegrías no son completas si no se comparten, si no hay alguien a quien contarsela; cualquier alegría, desde un levante, hasta un examen aprobado, un trabajo bien hecho.
Qué pasa cuando encontramos a esa persona y ésta se va?
El haber tenido a esa persona, a ese receptor con nosotros, haber vivido cosas juntos, y lo peor, haber pensado que nos íbamos a quedar juntos para siempre; y que luego ya no esté más, incrementa la sensación de soledad. La nada, la espantosa sensación de levantarse a la mañana y saber que ya no está; ese nudo en la garganta en el momento en el que nos gustaría que esté al lado nuestro en ese momento y en seguida darnos cuenta de que es imposible.
Siempre albergamos la esperanza de que en algún momento nos volveremos a ver, y mientras tanto vamos atesorando momentos para contarlos como siempre lo hacíamos; hablarle a la luna, a la fachada de aquel barcito en el que siempre se veían, a la habitación del viejo, tantas cosas.
Nada resume mejor la sensación de ausencia que esta frase que robé
-"qué es lo que más extrañas?"
-"hablar"
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