Todo el mundo habla desde su situación actual; así a quien le cuesta mucho obtener remuneración económica dirá que "la calle está durísima", quien sólo trate con niños malcriados dirá "los chicos ahora son un desastre" y quién esté dolido por el fin de una relación amorosa dirá "me voy a morir sólo".Seguramente, querido lector, has pensado "qué locura, no todo es tan así". Exacto, y esa es la lección del día.
Tomamos la realidad como se nos presenta y la limitamos, teniendo así un pequeño corral en el que nos podemos mover libremente; nuestro territorio en el que somos dominantes. A su vez sabemos que existe más mundo, pero como bichos de costumbre tendemos a quedarnos en nuestra pequeña finca. A través de nuestra pequeña realidad es como concebimos el resto de las cosas dogmáticamente "todo es una mierda", "son todas unas putas", "hay que matarlos a todos". Pues bien, al convencernos de ciertas cosas, vamos perdiendo el beneficio de la duda y de conocer y probar cosas nuevas, nos vamos encerrando de a poco y después cuando nos animamos a más, nos sorprendemos de "lo grande que es el mundo". El mundo siempre estuvo ahí... hay que esperar a que se disipe la neblina.
Cada uno es dueño de su realidad y de manejarla como quiere, es muy fácil cerrarse en sí mismo y limitarse a las cosas cotidianas que son conocidas y no implican riesgos; pero más fácil es levantar la cabeza y hacer que nuestra pequeña finca sea un reino. Todo depende de la perspectiva con la que miremos las cosas.
Es así como uno mira el borde del abismo y puede pensar que está a punto de caer, o que ha crecido muchísimo y está en un nivel superior y ese abismo es lo que lo separa del común denominador.
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