viernes, 15 de febrero de 2008

Teoría del viajero

Finalmente llega el momento tan deseado, para el que nos venimos preparando desde hace una semana o más tiempo. NOS VAMOS!!!
El tiempo de preparación física es indistinto, ya que en el cerebro venimos maquinando este viaje desde hace 4 meses aproximadamente. Qué ropa llevar, si nos compramos todo allá, cepillo de dientes, shampoo antitodo y protector solar º490 son algunas de las ridiculeces que nos llevamos en un bolsote que comenzó siendo una modesta riñonera que no soportó el agregado de cada vez más cosas inútiles.
Comenzamos la preparación del viaje pensando:
DONDE CORNO NOS VAMOS???
Luego de ello, uno consigue hotel, consigue paquetes turísticos que no va a cumplir y finalmente o principalmente, con quién nos vamos.
Llegado el momento del viaje, acomodamos prolijamente lo que SI sabemos que vamos a usar: los pantalones, polleras, remeras camisas, ropa interior. Despues viene la cantidad de los mismos, y ya el orden inicial con el que acomodamos las primeras prendas comienza a declinar cada vez más, comenzando por el toillon 4x2 de algodón puro, las lonas de playa o la ropa de invierno, un par de zapatillas por las dudas si llueve, unas medias de lana para dormir a la noche, el pijama, no el pijama no, van a pensar que somos nenes de mamá; las pastillas de mosquitos, el reloj despertador, el cargador del celular... hasta que el bolsito termina alojando nuestro ropero, nuestra mesa de luz, el botiquin y un poco de la cocina "algo para picar en el camino".
"estan todos listos?, vayan al baño porque después molestan que se hacen pis"
Hasta que finalmente SSSSSSSAAAAAAALLLLLLLLIIIIIIIIMMMMMMOOOOOSSSSSSSSS!!!
el viaje es un tanto tedioso, despues de la primer hora ya empieza a molestar el olor a persona encerrada porque esta el aire acondicionado puesto, pero apagalo porque tengo frío, pero no bajes los vidrios porque vas muy rápido y nos volamos; ni hablar de la música, que varía desde Serrat hasta Calle 13. Después del 17º mate, que está más lavado que las medias de Gianola y la vejiga va a explotar decidimos hacer un parate en algún centro.
La segunda parte del viaje es más tranquila, los niveles de sobreexcitación han bajado y más de uno esta descansando la vista y dandole al ronquido.
Llegamos a destino, lo primero es encontrar dónde estaba el bendito hotel, sin antes parar a comprar una tarjeta de celular para mandar mensajes al pedo. Una vez localizadas las instalaciones, des-ensillamos y comenzamos a acomodar todas las cositas en su lugar prolijamente como estaba previamente pactado por el cuco. Terminado ello la única preocupación es dónde vamos a cenar; la cual se resuelve casi instantáneamente. A partir de allí, gracias a nuestra espectacular planificación, sólo nos queda disfrutar de los días que tenemos por delante; sabiendo que este mini viaje se termina pronto. Lo bueno es que algún día podremos volver siendo conscientes de ello.


Ahora bien... Cuando uno está por nacer, ha sido buscado por sus padres de alguna manera (no es el eje discutir la planificación familiar), todos están preparados para recibir al nuevo integrante, se han hecho compras, decoraciones y hasta quizás haya una mudanza dando vueltas por ahí, ya que el pequeño lavadero no es habitación para nuestro bebé; todo tiene un orden, todas las pertenencias, la ropa, los juguetes; absolutamente todo. Todo se ha planificado estrictamente, desde el jardín de infantes hasta la carrera que hará.

La única diferencia del viajero turístico con el viajero de la vida es que el último no ha tenido participación en la planificación de su viaje y constantemente tiene que andar improvisando y buscando su lugar, al revés que el turista que ya conoce su lugar de antemano y tiene banales problemas como "dónde cenar".

Nadie nos preparó para este viaje antes de comenzarlo, pero parece que ya todo está pactado rigurosamente bajo canones de... de quién??? Y no sólo eso, sino que al presentarse un problema y equivocar la solución es condenado casi sin piedad.

Nunca olviden que no tuvimos oportunidad de organizar este viaje de 70 u 80 o más años antes de comenzarlo, es una constante improvisación usando los escasos recursos que tenemos.

Lo cierto es que nunca sabremos si algún día volveremos.

1 comentario:

Mind Scrobbler dijo...

Brindo por la inauguración de este espacio de reflexión filosociológica pseudo humorístico y paso a comentarle estimado amigo, que diciento con su teoría:

El viajero de la vida no tiene injerencia en la planificación de la misma?? Cómo es eso? Diciento. Desde nuestra concepción nos vemos influenciados por quienes nos rodean, el medio en el que crecemos, nuestra educación a nivel moral, social y religioso. Es verdad. PERO, llega un punto en el que uno hace un click y planifica, decide y elige sus caminos según su propias convicciones.
Creo que podríamos comparar ese momento con la diferencia entre cuando nos ibamos de viaje con nuestros padres y hermanos en el asiento de atrás del auto familiar y cuando un día decidimos irnos sólos (o con algún amigo, novia o compañero de ruta) de mochileros o a otro país o ambas dos.

Un abrazo grandísimo y brindo por la rueda de la vida!